Edith Rossetti al pie del viento

13 noviembre, 2012 at 2:55 am Deja un comentario

Suave, trae zambas nuevas, a veces, algunas viejas. Las canciones vienen un día, con el viento que las circula. Viene y silba una historia, la suspira al oído de un Ábalos que la recopila en chacarera y se la cuenta a Edith Rossetti para que la deje otra vez a voluntad de la corriente.

Así el disco llega algunos años después también a manos de los despistados, sin la urgencia que reclama el mercado. “Al pie del viento” no es un trabajo nuevo, fue publicado en 2008 -de hecho hay un tercero editado- pero tarde o temprano, el viento, certero, asesta contra los ausentes.

Se trata de una producción independiente donde soplan aires santiagueños y rizos pampeanos, y las músicas clásicas e inéditas confluyen en un todo armónico. El viento suspira como un Atuel a lo largo del Río, pero también trae unas “Coplas del Valle” que vienen llegando desde La Rioja, unos aires del puneño “Camino a la laguna de los Pozos”, otros con niebla del puelche.

El viento surge sobre el final de la milonga hasta donde nace el escondido y continúa su curso para que otros mojen las patas donde suenan “las tutrucas del pampero”. No hay ficción, es el abarcador sonido del viento que llena el silencio entre “Aquel tiempo de mi infancia” y el “Romance del Río Dulce”.

Sopla y circula entre la selección de composiciones: uno viene del “Camino a la laguna de Los Pozos”, otro perfumado de la “Zamba del laurel”, pasa por Salavina y baila una del Cuti y se bautiza en el Misky Mayu y se mezcla; es el viento que da continuidad a las composiciones, que las crea y las une.

En la voz de Alfonso Nassif, Atahualpa Yupanqui dice que “…el grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la bolsa del viento. Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.

Entonces, el viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ‘ay’ de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero…”

Por el llano y por el fondo, en el leitmotiv de este disco viaja un barrilete cargado de historias, hombres y ríos. Al pie del viento, Edith Rossetti eleva nuevamente las composiciones a su destino, alerta al silencio, amanece a los dormidos de la siesta, a los despistados de “toda esa verdad cantada”.

Vaya uno a saber los vericuetos que emprende para que los paisajes terminen en una batea y ahora suenen a la tarde y arrimen el violín barranqueño de Pedro Cáceres. Dice Octavio Paz justo para el librito: “…todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje”.

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