Posts tagged ‘Jaime Dávalos’

Temor del sábado*

Había un manuscrito que llegó de imprevisto. La “Glosa a la Zamba de los mineros”, tal como se titula en una hoja de cuaderno, es en verdad el poema de Jaime Dávalos “Temor del sábado”. El texto refiere al patrón que deberá enfrentar al minero necesitado de una mejora laboral o, sobre todo, a la fuerza del trabajador ante la usura. El trazo es de Eulalia, hija de Marcelino Ríos, y se trata, acaso, del único manuscrito conservado del poema (al menos así se decía).

Lo salvó la hija de Eloísa de una pila de cajas que fue a parar a la vereda de la casona de Corral Quemado cuando quedó deshabitada. “Mi madre pidió que le dejara este papel”, dijo Daniela. “Este papel”, este mismo, el que detrás recita los nueve versos “A la guitarra ‘e don Marcelino”, rescatada por Sevilda del silencio de un ropero, sin que nadie toque su gracia: la Zamba de los mineros.

Aunque hay grabaciones del mismo Dávalos, otra reciente de su hija Florencia, del riojano Chito Ceballos o de Liliana Herrero, que atestiguan la totalidad del trabajo, entre muchos de los catamarqueños, la introducción a la zamba se transmitió de forma oral, con las variaciones y reducciones del texto que ello implica. Aquí, la transcripción de ese original: (más…)

20 abril, 2013 at 9:02 pm 2 comentarios

Atardecer en la casona de Marcelino Ríos

Un día del 56, los García Pinto, salteños buscadores de oro, invitaron al más poeta que minero Jaime Dávalos a los socavones de Culampajá, en Catamarca, más por los seguros encuentros que por el mineral. Saludablemente para el cancionero, Dávalos viajó con ellos desde Cafayate, pasando por Santa María hasta Hualfín, la primera parada del destino, donde al final del cuento escribió la Zamba de los mineros.

Hualfín fue una gran estancia propiedad de don Asencio de Mercado Reynoso, progenitor de una familia de ascendencia femenina, por lo que el apellido fue mudando hasta llegar a Leguizamón. Jorge Dávalos Leguizamón recibía en su casona rodeada de viñedos a visitantes como el Cuchi, que a pesar de llevar el mismo apellido, sólo es parte inseparable de la zamba y de esta historia que allí se inicia entre guitarras y poemas.

En la finca, los viajeros tomaron los caballos y emprendieron el camino por los cerros a Corral Quemado, pueblo ineludible para llegar a las minas de Culampajá. En la calle principal se emplaza una casona imponente que era, a la vez, el almacén de ramos generales, la posada y el patio musical; era el alma del incipiente pueblo de la zamba. Su dueño, Marcelino Ríos. (más…)

4 marzo, 2013 at 3:42 am 10 comentarios


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